¡A las armas!

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            Hoy, mientras hablaba en
una taberna madrileña con mis amigos Smab y El Ojo, he visto la luz. Amigos,
estamos en guerra. ESTAMOS EN GUERRA. Lo pongo en mayúsculas por si alguien no
se ha enterado. ¿Y eso qué significa? Muy sencillo: que, como en todas las
guerras, hay dos bandos. En un bando están ellos, los besugos, la elite
súperelitosa que nos tiene a muchos hasta los mismísimos bemoles. Y en el otro
bando estamos nosotros, los Revolucionarios. Lo demás son gilipolleces. Quiero
decir con esto que, por imperativo bélico, o estás en un bando o estás en el
otro.

            Es decir: Primer paso, Posicionarse. Ha de preguntarse
cada cual dónde coño quiere estar, porque va a correr la sangre, a no mucho
correr, y conviene tener bien claro de qué bando procede la munición que uno
reciba. Y no caben medias tintas. O estás con ellos, amigo lector, o estás con
nosotros. Y se sobreentiende que si no estás con nosotros, significas que estás
con ellos. No hay vuelta de hoja. Porque todo lo que no nos sirva a nosotros,
les sirve a ellos. De modo que decide, y decide ya, porque no hay tiempo que
perder.

            Quiero decir con esto muchas cosas. Para empezar,
teniendo en cuenta que nos enfrentamos a un ejército de elite, obviamente,
nosotros no podemos seguir disparando aisladamente, cada uno por su cuenta, con
escopetas de balines que a duras penas pueden abatir una paloma. Es decir, que
todo aquel que desee alinearse en nuestro bando, el de la Revolución, ha de
someterse a disciplina, puesto que hemos de conformar un ejército mínimamente
organizado (no hace falta ser un Napoleón para saberlo). ¿Y en qué consiste esa
disciplina? Muy sencillo: en el Posicionamiento. Si eres revolucionario, tienes
que cargarte de artillería y disparar a discreción hacia el enemigo. CON
NOMBRES Y APELLIDOS. Es decir, han de estar claros meridianamente tanto el
destinatario como el remitente de la munición. Establecer las coordenadas. Os
pongo un ejemplo: Yo, Fernando Claudín, disparo a Rothschild
. ¿Me cogéis el concepto?

            ¡Nombres y apellidos! Que viene a significar: ¡Luz y
taquígrafos! Porque aquí hay que mojarse, no queda otra, hermanos. Se ha
acabado el tiempo de la especulación, de las divagaciones
filosófico-místicas-sentimentales. Hay que destapar a los falsos disidentes. Y
los dormidos, los parásitos, los impotentes, los idiotizados (toda esa caterva
de entes pasivos que pululan por el mundo) han de saber que o están con ellos o
están con nosotros. Lo necesitamos saber ya. Porque todo aquel que no esté a
tumba abierta con nosotros, significa que forma parte del enemigo, y le
atacaremos con la misma virulencia. Porque a mí tanto daño me hace un Rothschild
hijo puta cuyo dinero pesa más en la balanza que
la Ley, que el niño pijo que se pasea por la Gran Vía luciendo un cocodrilo de
medio metro en la pechera, a modo de charreteras de general.

            Basta ya, amigos, de medias tintas, de quejas de vieja
chocha, de lamentos de plañidera, de medias verdades o verdades medio llenas.
Basta ya de hipocresía contestataria, de connivencia mercenaria con el enemigo.
Basta de cobardía y comodidad. ¡A la puta calle! El enemigo está más que
identificado. Yo os puedo dar nombres. Y Smab. Y El Ojo. Y toda esa gente que
destapa la verdad en Internet. ¡La unión hace la fuerza! ¡No más
individualismos! ¡No más machadas particulares! Un revolucionario solo es un
Gran Masturbador. La Revolución no puede ser individual porque la guerra nunca
es individual, sino colectiva. Todo aquel que pretenda hacer la Revolución por
su cuenta se hace pajas mentales, frota onanísticamente su ego complaciente de
llanero solitario. Los verdaderos justicieros son los soldados del ejército
regular de la Revolución.

            Así que os lo advierto, pintamonas de escaparates
contestatarios: si no os alistáis, significará que sois el enemigo, que sois
una prolongación del enemigo en nuestras filas. Topos del enemigo llamados a
desestabilizarnos, a disgregarnos, a desmoralizarnos, a confundirnos con
sutiles patrañas de escepticismo gilipollesco. Porque ya nadie nos
puede engañar. Ha sonado el toque de queda. Estamos en guerra. Y sabemos bien a
quién disparar:
Obama. Merkel y Sarkozy. David Rockefeller. Rothschild. OTAN. OTAN. OTAN.

            Ha llegado la hora. Ha sonado el toque de queda. Estamos
en guerra.

            ¡A las armas!

 Fernando Claudín
HackFer hackeando a los
besugos

Ver lo que
tenemos delante de nuestras narices requiere una lucha constante.

El lenguaje
político está diseñado para dar al viento una apariencia de solidez, para que
las mentiras parezcan verdades y el asesinato una acción respetable.

En una época
de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario.

George Orwell

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